martes, 15 de septiembre de 2009
El gallero
Déjame en paz señor gallero, déjame en paz y vete de aquí, por que ni eres gallero, ni estás junto a mí.
jueves, 10 de septiembre de 2009
Desechando
No los vendo, los regalo
Mis miedos, mis angustias
No las quiero junto a mí
Mis dudas, mis inseguridades
No puedo quedarme con ellos
Mis errores, mis culpas
No deseo vivir así
Con tristeza y dolor
No los quiero de regreso
Mis fantasmas, mis rencores
No los puedo recibir
Mis reproches, mis lamentos
No los acepto en mi vida
Los insultos, el desamor
No deseo saber de ellas
La melancolía y la nostalgia
No quiero acostumbrarme a ellas
La angustia, la desolación
No quiero que sean parte de mí
El sufrimiento, el malestar
No los vendo, los regalo
Mis sentimientos de desecho
Mi dignidad maltratada
Mi amor desestimado
Mis risas desgastadas
Mis falsas esperanzas
Mis mentiras verdaderas
Mis verdades mentirosas
Una vez más
Una vez más, sin razón aparente, las lágrimas comienzan a rodar por sus mejillas, una vez más se ha descubierto con un pesar que le impide sonreír, que le pone el sentimiento a flor de piel, una vez más el destino se empeña en enfrentarla con su realidad; en la radio se escucha aquella canción, la última que dedicó, la misma que sigue siendo su más cercana referencia, su más claro reflejo.
Ha tenido que sentarse sola en aquel restaurante, convirtiéndose en la imagen más triste para ella misma, ha tenido que ordenar y pedir cena sólo para ella, ha tenido que enfrentar uno de sus momentos más duros del día, aquel en el que los recuerdos regresan y al mismo tiempo, el presente se impone como única verdad.
La lluvia en la ventana corre incesante, mientras el frío cala desde el fondo, el café se enfría, y su mente vuelve a viajar entre el pasado y el presente.
La melancolía recupera su atención, y vuelven las lágrimas a sus ojos, casi incontenibles e interminables, el cansancio la domina, el desgaste es casi insoportable.
La tercera taza de café esta por terminarse, cuando sobre sus hombros reconoce una leve brisa, es más bien como una palmada de apoyo que regresa la tranquilidad a su cuerpo, la esperanza de que todo estará bien, un sentimiento de paz, que la hace recordar que no está sola, que él esta ahí, siempre junto a ella.
Ha tenido que sentarse sola en aquel restaurante, convirtiéndose en la imagen más triste para ella misma, ha tenido que ordenar y pedir cena sólo para ella, ha tenido que enfrentar uno de sus momentos más duros del día, aquel en el que los recuerdos regresan y al mismo tiempo, el presente se impone como única verdad.
La lluvia en la ventana corre incesante, mientras el frío cala desde el fondo, el café se enfría, y su mente vuelve a viajar entre el pasado y el presente.
La melancolía recupera su atención, y vuelven las lágrimas a sus ojos, casi incontenibles e interminables, el cansancio la domina, el desgaste es casi insoportable.
La tercera taza de café esta por terminarse, cuando sobre sus hombros reconoce una leve brisa, es más bien como una palmada de apoyo que regresa la tranquilidad a su cuerpo, la esperanza de que todo estará bien, un sentimiento de paz, que la hace recordar que no está sola, que él esta ahí, siempre junto a ella.
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